dilluns, 26 de setembre de 2011

REFORMULACIÓN/LA DAMA Y LA MUERTE

Yo tan solo quería paz, unirme por fin con mi marido. La muerte me tendió la mano, y yo la acepté con mucho gusto, dispuesta a irme donde tuviese que ser. Pero las manos de la vida me arrebataron de la muerte, y ante mi sorpresa, la muerte luchó por mí; luchó y luchó, al igual que ese maldito doctor, que no pensaba en los deseos de su paciente, y ni me había preguntado si verdaderamente deseaba morirme. Pues sí, deseaba morirme; ya había vivido bastante, y había sido feliz, así que no me quedaba más remedio que irme con la muerte. Pero él tuvo que hacer las cosas más difíciles, y una y otra vez, impedir mi destino irremediable… ¡Era una anciana! Tenía que morir un día u otro, ¿Qué más le daba a ese doctor? Parecía importarle demasiado mi vida, así que una vez la muerte se cansó, y se dio por vencida, el doctor todo orgulloso se me quedó mirando. En vez de darle las gracias, ¡Ja! ¿A ése le iba a dar yo las gracias? Le pegué un puñetazo, y le dejé hecho polvo. Salí de ésa habitación blanca y llena de aparatitos, y me dirigí hacía el agua, y la corriente. Una vez ahí, la decisión era mía, pero la verdad es que estaba ansiosa por irme de aquel mundo. Demasiados años eran ya…
Hice lo que tenía que hacer, lo que no sabía era si la muerte vendría a por mí o no. Así que encendí el agua, y acto seguido…
Antes de que todo se volviera oscuro, me pareció oír un grito de rabia, que parecía salir de las mismas entrañas del diablo, pero no estuve del todo segura. De lo que sí estoy completamente segura, es que la muerte no vino a por mí, se cansó, y aquí estoy, vagando como un alma solitaria en este mundo, hasta que un día la muerte reconsidere mi destino…

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